Luis Cañada, experto en nutrición, sobre los helados saludables: "Es fundamental mirar la etiqueta completa, no dejarse llevar por el reclamo principal"
%3Aformat(jpg)%3Aquality(99)%3Awatermark(f.elconfidencial.com%2Ffile%2Fa73%2Ff85%2Fd17%2Fa73f85d17f0b2300eddff0d114d4ab10.png%2C0%2C275%2C1)%2Ff.elconfidencial.com%2Foriginal%2F745%2F45e%2F1f5%2F74545e1f5abf6b6b15b61718438a03f4.jpg&w=1920&q=100)
En pleno verano, los helados se convierten en una de las opciones más buscadas para refrescarse, pero también en un terreno donde el marketing puede inducir a error. Envases que prometen “0 % azúcares” o “+proteína” se multiplican en los supermercados. Ante esta situación, Luis Cañada, experto en nutrición, advierte: “Es fundamental mirar la etiqueta completa, no dejarse llevar por el reclamo principal”, recordando que no siempre lo que parece saludable lo es en realidad.
Uno de los ejemplos más claros es el de los helados proteicos. Según un estudio de FITstore, el helado Casty, vendido bajo la promesa de ser más rico en proteínas, contiene en torno a un 25 % de azúcar. Esto supone un 31 % más de lo que presenta un Magnum clásico, que ni siquiera se publicita como opción “fit”. Este contraste demuestra cómo el envoltorio puede llevar al consumidor a confiar en una alternativa que, lejos de mejorar, resulta menos equilibrada.
:format(jpg)/f.elconfidencial.com%2Foriginal%2Fd55%2Fe29%2Ff37%2Fd55e29f371bd6a08eba3973900644535.jpg)
La situación se repite con los productos que lucen la etiqueta “Zero”. A menudo, lo que desaparece en azúcares añadidos se sustituye por polialcoholes como el maltitol o el sorbitol, que llegan a constituir más del 20 % del peso del producto. El resultado no es necesariamente más saludable: el valor energético apenas se reduce y, además, suelen venderse a un precio muy superior al de sus versiones tradicionales. La apariencia de “más sano” termina siendo solo un reclamo publicitario.
Cañada puntualiza que consumir un helado de este tipo de forma puntual no supone un riesgo grave. El problema aparece cuando se ingieren con frecuencia y en grandes cantidades, ya que estos edulcorantes pueden provocar molestias digestivas e incluso efecto laxante. Para el experto, el verdadero peligro está en la falsa sensación de seguridad que generan. “Estas etiquetas son señuelos que distraen del análisis real de los ingredientes y encarecen un producto mediocre”, concluye.
El Confidencial